Tonto muy tonto

Un hombre baja del tren con el rostro verde. Un amigo le pregunta qué le ha pasado.

– Me he mareado, responde el viajero. Me pongo malísimo cuando viajo de espaldas a la locomotora.

– Pero ¿por qué no le has pedido al viajero sentado enfrente que te cambiase el sitio?. La gente siempre se muestra muy amable en estos casos.

– Ya lo he pensado, reconoce el viajero, pero es que no había nadie sentado delante.

 

El sordo fastidió el concierto

Vagando perdido por la selva un violinista, se topa de frente con un león fiero y amenazante. En vez de huir, el músico se pone a tocar una bonita melodía con su violín. El león cae rendido y manso embriagado por la música corroborando que «la música amansa a las fieras». A éste se le unen más leones, panteras, serpientes y otros peligrosos animales que sucumben a la bella música que el violinista saca a su instrumento. En esto, aparece otro león por su espalda, se abalanza sobre él y en dos zarpazos acaba con su vida. El resto de fieras, indignadas, increpan y abuchean al felino asesino cuando entre el tumulto se oye una voz que dice:
-Llegó el sordo y nos fastidió el concierto.

Jugador del Barça

Una maestra, ante la proximidad del «Día de los trabajadores», pide a sus alumnos que expongan a qué se dedican los padres de cada uno ellos. Así lo hacen y cada chaval relata la profesión de sus respectivos padres. Por último, le llega el turno a Pedrito que dice:
-‘Mi papá es gogó y stripper en una discoteca; se desnuda para otros hombres y, si le pagan bien, tiene sexo con ellos».
La maestra, atónita, da recreo a los demás chicos, se queda a solas con Pedrito y le pregunta:
-¿Es cierto lo que cuentas de tú padre?
-«No. Me daba vergüenza decir que mi papá es jugador del Barça«.

Ojeador del Barça

Un hombre al volante de un coche de gama alta circulando por una vía secundaria de Barcelona, ve a un pastor con un rebaño de ovejas. Para el coche, se queda mirando al rebaño y le dice al pastor:
-¿Si adivino cúantas ovejas tiene, me regala una?
El pastor acepta pensando que fallará. Tras unos segundos, el hombre dice:
-¡192!
Muy sorprendido el pastor por el acierto, le dice al hombre que coja la oveja que quiera. Éste elije una, se dirije a meterla en el coche cuando el pastor le dice:
-¿Si adivino en que trabaja usted, me la devuelve?
El hombre acepta y dice el pastor:
-Usted es ojeador del Barça
-¡Increíble! ¿Cómo lo ha sabido?
-Muy fácil, de 192 ovejas ha elegido al perro.

Los abuelitos

Una pareja de abuelitos durmiendo. De repente se sobresaltan al escuchar ruidos en el jardín, como si intentaran entrar a robarles.
La abuelita le dice al marido:
-¡¡Juan!!, asoma la cara por la ventana y así se creerán que tenemos perro.
El abuelito se gira, la mira y le dice:
-Y por qué no enseñas tú la tuya y que piensen que la casa está embrujada?

Los cojones según Arturo Pérez Reverte

«Cojones», según el periodista, escritor y académico de la Lengua Arturo Pérez Reverte:

Ahora me explico las quejas de los extranjeros por sus dificultades con nuestras acepciones. Un ejemplo de la riqueza del lenguaje castellano es el número de acepciones de una simple palabra, como puede ser la muy conocida y frecuentemente utilizada referencia a los atributos masculinos, «cojones».

Si va acompañada de un numeral, tiene significados distintos según el número utilizado. Así, «uno» significa «caro o costoso» (valía un cojón), «dos» significa «valentía» (tiene dos cojones), «tres» significa «desprecio» (me importa tres cojones), un número muy grande más «par» significa «dificultad» (lograrlo me costó mil pares de cojones).

El verbo cambia el significado. «Tener» indica «valentía» (aquella persona tiene cojones), aunque con signos exclamativos puede significar «sorpresa» (¡tiene cojones!); «poner» expresa un reto, especialmente si se pone en algunos lugares (puso los cojones encima de la mesa).

También se los utiliza para apostar (me corto los cojones), o para amenazar (te corto los cojones). El tiempo del verbo utilizado cambia el significado de la frase. Así, el presente indica «molestia o hastío» (me toca los cojones), el reflexivo significa «vagancia» (se tocaba los cojones), pero el imperativo significa «sorpresa» (¡tócate los cojones!).

Los prefijos y sufijos modulan si significado: «a-» expresa «miedo» (acojonado), «-udo» indica «perfección» (cojonudo), y «-azo» se refiere a la «indolencia o abulia» (cojonazo).

Las preposiciones matizan la expresión. «De» significa «éxito» (me salió de cojones) o «cantidad» (hacía un frío de cojones), «por» expresa «voluntariedad» (lo haré por cojones), «con» indica «valor» (era un hombre con cojones) y «sin», «cobardía» (era un hombre sin cojones).

Es distinto el color, la forma, la simple tersura o el tamaño. El color violeta expresa «frío» (se me quedaron los cojones morados), la forma, «cansancio» (tenía los cojones cuadrados), pero el desgaste implica «experiencia» (tenía los cojones pelados de tanto repetirlo).

Es importante el tamaño y la posición (tiene dos cojones grandes y bien plantados); sin embargo hay un tamaño máximo (tiene los cojones como los del caballo de Espartero) que no puede superarse, porque entonces indica «torpeza o vagancia» (le cuelgan, se los pisa, se sienta sobre ellos, e incluso necesita una carretilla para llevarlos).

La interjección «¡cojones!» significa «sorpresa», y cuando uno se halla perplejo los solicita (manda cojones!). En ese lugar reside la voluntad y de allí surgen las órdenes (me sale de los cojones).

En resumen, será difícil encontrar una palabra, en castellano o en otros idiomas, con mayor número de acepciones.